ElfenYuriko
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Matar o morir, la única regla irrompible.
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« en: Octubre 24, 2011, 12:49:05 am » |
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Capítulo 2: Desde el infierno. -Ahora empieza la prueba.-decía #2 resignada a lo que pasaría en seguida. De la pared frontal salieron 4 armas que empezaron a disparar hacia las diclonius, ellas esquivaron los proyectiles fácilmente, pero la dificultad aumentaba a medida que ellas huían, la tortuosa prueba terminó cuando una de las balas alcanzó el brazo de #3. -¡Maldición!-decía #3 a regañadientes-Espero que no deje marcas. Un guardia abrió una de las compuertas y les indicó que se retiraran, y Uma-san (que era #1) era la primera de la ordenada fila que habían formado para salir de ese lugar. Mientras las tres primeras salían civilizadamente, #7 se burlaba del guardia al haberse intimidado por ella. Ya en un cuarto comunal donde estaban todas las 11 diclonius fase #2, como en un juego, #1 empezó a pasar lista. -Bien, veamos, Morta y Dounia? Estas eran #2 y #3 respectivamente, dos gemelas, una de ellas que era Morta-san tenía cabello negro y ojos color miel y la otra, Dounia-san era rubia de ojos completamente negros, alzaron las manos y gritaron “¡Presente!” coordinadamente. -OK, ¿Ignis-san? La aludida era pelirroja, con un mechón de cabello que le cubría el ojo derecho y ojos moderadamente amarillos, estaba marcada con el #4 y se reportó enérgicamente. Y así, fue pasando asistencia mencionando a cada una en orden de acuerdo a su número y al parecer, a su edad, la lista siguió: “Nainie, Infra, Yuriko, Gea, Seika, Leuca y Eider.” Esta última era tan solo una niña, de máximo 8 años de edad, aún así en sus brazos descubiertos se notaban varias marcas correspondientes a los impactos de bala recibidos hacía ya mucho en las supuestas pruebas de rapidez y reacción. Al llegar la noche, todas se recostaron en su catre y durmieron profundamente, menos Yuriko-chan, ella solo pensaba en salir de la organización que la despreciaba, a ella y a sus “hermanas”, no aguantaba la curiosidad del mundo exterior, sus recuerdos eran casi nulos y las narraciones y experiencias de Uma-san no le bastaban a una arrogante chica de 15 años. Así que asegurándose de que las cámaras no la enfocaran, salió de la recamara y se dirigió a las salidas reforzadas tomando como referencia las anteriores veces que intentó escapar sin éxito, pero esta vez, la puerta no emitió ninguna alarma y victoriosamente, la diclonius #7, huyó...
Era de mañana en un centro comercial muy concurrido de Japón y Tamaki-san acompañaba a su hermana mayor, Sango en su trabajo en el mostrador de una tienda de ropa, no era muy divertido esperarla y Tamaki salió a comprar una golosina. Mientras el joven encontraba un pequeño puesto de dulces una joven bastante extraña entró por la puerta trasera del centro comercial, estaba semidesnuda y tenía dos protuberancias bastante extrañas en la cabeza parecidas a un par de cuernos y en su parte trasera podía notarse una extremidad al parecer, una cola. Todos los usuarios del centro la miraron con curiosidad y cierto miedo, uno de los oficiales se acercó a ella preguntándole quien era, sin embargo ella solo caminaba en línea recta hacia la tienda donde se encontraba Sango, entró y se vistió con el primer atuendo normal que encontró, sin haber pagado, salió de ahí pero 2 policías la interceptaron reprochándole que no podía irse sin pagar y también apuntando con 2 revolvers. Solo se escuchó los gritos desesperados de las personas al ver que uno de los policías había sido partido a la mitad y el otro decapitado, los demás guardias empezaron a disparar hacia la chica y por más que disparaban, solo desperdiciaban sus balas, ninguna de ellas lograba tocarla, a la vez, ella avanzaba para salir del lugar matando y cercenando a quien se opusiera a su marcha, Tamaki escuchó todo aquel escándalo y se dio cuenta que era precisamente donde trabajaba su hermana, corrió desesperado hacia la tienda y tropezó con la chica a la que todos temían. -¿Pero tú qué haces aquí?-Le preguntó Tamaki-san. -Hay todo un caos ahí atrás, solo escapaba, ni siquiera sé donde estoy, me perdí.-Yuriko-san no mentía, pero aun no le había dicho que ella había causado todo eso. -Ven con migo, yo te llevaré a mi casa para que hagas una llamada, pero antes tengo que encontrar a mi hermana.- En ese momento, Sango salía de la multitud a toda prisa y a la distancia le gritó a su hermano: -¡Tamaki, vámonos, muchas personas murieron! Nadie vio quien es, todos los testigos del asesino murieron. Presurosos, Tamaki, Sango y Yuriko se marcharon.
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