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Mizuno151
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« en: Abril 29, 2010, 07:26:17 pm » |
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Dejo unas cuantas leyendas urbanas. Si os gustan, iré posteando más xD
In fraganti
En una región de Inglaterra una pareja estaba haciendo el amor dentro del coche, estando él encima de ella. Debido a los esfuerzos y movimientos extraños que tuvo que realizar él para cumplir con su tarea en un espacio tan reducido, tuvo una torcedura en la espalda, o algo así.
A consecuencia de ello, era incapaz de descabalgarla a ella, que tampoco podía moverse porque estaba atrapada bajo el cuerpo de él. La desafortunada pareja se encontraba atrapada dentro del coche.
Finalmente, ella consiguió accionar el claxon del coche con uno de sus pies, de modo que acabó llegando ayuda. Tuvieron que traer potentes herramientas con el objetivo de separar a la pareja cortando el coche en dos piezas.
Se llevaron al hombre en una ambulancia y los rescatadores le dijeron a la chica que no se preocupase, que su novio se pondría bien tras una corta visita al hospital, a lo que ella contestó: - ¡Y a mí qué me importa! Lo que me preocupa es cómo voy a explicar a mi marido lo que le ha pasado a su coche.
Baile de disfraces
Poco antes de ir a una fiesta de disfraces de Halloween, una mujer tuvo un ataque de migraña y le dijo a su marido que fuera solo, que ella prefería quedarse en casa. Sin embargo, poco después empezó a encontrarse mejor y decidió ponerse el disfraz (que su marido no conocía) e ir a la fiesta.
Al llegar a la fiesta, vió a su marido flirteando con todas las mujeres que podía. La esposa se le acercó, le susurró palabras suaves al oído, lo abrazó y lo arrastró seductoramente hacia el jardín. Poco antes de la medianoche, cuando es costumbre quitarse las máscaras, ella se excusó y volvió a su casa.
Su marido no llegó hasta las 3 de la madrugada. - ¿Qué tal la fiesta? -le preguntó ella. - Aburrida -dijo él. - ¿Bailaste mucho? - La verdad -contestó el marido-, cuando llegué a la fiesta me encontré con Peter, Bill y Fred que también estaban aburridos, y decidimos meternos en un estudio a jugar al póker.
- ¿Así que estuviste jugando a cartas toda la noche? -dijo ella empezando a alzar la voz. - Sí -le contestó él-, por eso le dejé mi disfraz a Charlie, que por cierto me ha dicho que ésta ha sido la mejor fiesta de toda su vida.
Cadillac de cemento
Un camionero que conduce un camión de cemento llega a su casa por la noche y descubre un Cadillac descapotable aparcado en la entrada de su garaje. Las luces de la habitación de su mujer están encendidas y se ve a un hombre con ella.
Sospechando que su mujer tiene un affair, llena el coche del desconocido con cemento líquido hasta que éste queda totalmente solidificado e inservible.
Después se dará cuenta de que ese coche era un regalo sorpresa que le había preparado su mujer, para el cual había estado ahorrando durante años. Y que el hombre que estaba en la casa era el vendedor, con el cual estaba cerrando la negociación.
En otras versiones, la mujer está realmente teniendo una aventura, pero el marido celoso vierte el cemento sobre un coche equivocado, ya que mientras tanto el amante sale de la casa, monta en una bicicleta y se aleja de la escena.
El coche de la policía
En el estado de New Jersey, un conductor borracho fue obligado a parar por la policía. Mientras el oficial de policía le estaba pidiendo la documentación, un accidente ocurrió muy cerca, lo que obligó al oficial a alejarse unos minutos.
Aprovechando el momento, el conductor borracho se dio a la fuga, llegó a su casa, metió el coche en el garaje, cerró el garaje con llave y le dijo a su mujer que, si alguien preguntaba, dijera que él había estado toda la noche en casa y que no había salido para nada.
Unas dos horas después, la policía se presentó en su domicilio. El conductor borracho y su mujer dijeron que no habían salido de casa en toda la noche, pero la policía les pidió que les indicaran dónde guardaban el coche.
Cuando abrieron el garaje, apareció dentro el coche de la policía, con las luces superiores todavía encendidas y dando vueltas.
Arte en la gatera
Gunther Burpus, un hombre de 41 años de Bremen, quedó encallado en la gatera de la puerta de su casa. Se había olvidado las llaves dentro, e intentaba acceder a su domicilio por la pequeña portezuela por donde entraba y salía su gato.
Sus gritos de auxilio atrajeron a un grupo de estudiantes bromistas que le bajaron los pantalones y le pintaron el trasero de azul (otras versiones hablan del color naranja), le plantaron un narciso entre sus glúteos y colocaron a su lado un cartel declarando que se trataba de un espectáculo. En el cartel se podía leer: "Alemania resurge. Ensayo sobre Arte en la Calle. Por favor, den alguna limosna".
El hombre estuvo atascado dos días mientras los transeúntes ignoraban sus ruegos de ayuda y le lanzaban monedas. Sus gritos eran entendidos como parte de la perfomance. Finalmente, una viejecita llamó a la policía tras observar que un perro llevaba un rato husmeando en las partes traseras del señor Burpus
En algunas versiones de esta leyenda, Gunther acababa detenido en comisaría por escándalo público. En otras afirma que durante los dos días en que estuvo inmovilizado en la gatera llegó a acumular 3.000 marcos alemanes (unos 1.500 dólares).
El elefante estreñido
Un cuidador del zoo de Paderborn (Alemania) murió cuando un elefante defecó encima suyo.
El cuidador, Friedrich Riesfeldt, de 46 años, dio a su estreñido elefante, Rose, 22 dosis de laxantes, además de bayas, higos y ciruelas. El resultado fue que el animal de golpe se sintió aliviado y descargó 200 libras de excrementos sobre éste.
La brutal defecación del elefante pilló desprevenido a su cuidador, que empujado por la fuerza de las heces, cayó de espaldas golpeándose contra una piedra. Según la policía, mientras el cuidador yacía inconsciente, el paquidermo siguió soltando encima suyo su materia orgánica.
Permaneció bajo la masa tóxica durante una hora, hasta que una persona que pasaba por allí dio la alerta. Pero ya era demasiado tarde. Bajo la inmensa masa de estiércol sólo se veían las pantorrillas y los pies del domador. Friedrich había muerto ahogado.
Todo había empezado un 23 de abril cuando Friedrich notó que su elefante, valorado en unas 8.000 libras, no defecaba con la abundancia con que solía hacerlo anteriormente.
- Friedrich estaba bastante preocupado, porque sabía que el estreñimiento puede acabar matando a un elefante -dijo Kurt Herman, ayudante del cuidador-. Me dijo que ese jueves se quedaría hasta tarde para darle al elefante laxantes e incluso hacerle un enema. Me ofrecí a ayudarle, pero me dijo que me fuera a casa, que lo tenía todo controlado.
- Nunca pensé que pudiera pasar algo así, pero ahora soy consciente de que hacer una enema a un elefante puede ser una actividad realmente peligrosa -advirtió Kurt.
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